miércoles, 12 de junio de 2013

Organización Territorial de Colombia


Colombia es una república concebida de manera unitaria pero estructurada para ser administrada de manera descentralizada, lo que implica entonces una pseudo autonomía regional; si bien  este esquema organizativo planteado desde de la constitución de 1991 propende el establecimiento de un estado central fuerte y autoritario que delega en las entidades territoriales facultades netamente administrativas, no es un esquema nuevo ni novedoso pues ya se había estructurado desde la constitución política de 1886 tal y como lo plantea Jaime Vidal Perdomo[i] y si bien podría pensarse que permitir la elección popular de alcaldes y gobernadores es un paso hacia la eventual federalización del país, nada se encuentra más distante de la realidad que este hecho, no obstante la centralización del estado Colombiano con posterioridad a 1886 no ha cerrado de manera efectiva las heridas que dejaron los constantes conflictos regionales que fueron el pan de cada día durante el siglo XIX y que trascendieron a conflictos políticos durante el siglo XX, pues contrario a haberse construido de manera efectiva una identidad nacional que permitiese un desarrollo sostenible a través del tiempo, se ha venido dando un fenómeno que ha llevado a que gran parte de la riqueza que produce el país se encuentre focalizada en ciertas regiones, hecho que se puede evidenciar en que de los 548 billones de pesos que se estima valía la economía colombiana en el 2010[ii] el 65% provenga de manera exclusiva y en su orden de Bogota, Antioquia, Valle, Santander, Cundinamarca y Atlántico, lo que se traduce entonces en un crecimiento desigual de estas con respecto al resto del país, sin embargo este hecho más allá de expresar de manera efectiva la diferencia efectiva que se presenta en el crecimiento regional, es un resultado tangible de un proceso de industrialización y de administración de los recursos que no ha impulsado de manera efectiva el concepto de la estructuración de una economía regional que impulse el desarrollo efectivo de la infraestructura interna y que potencialice la interacción con las economías externas; no obstante es clave mencionar tal y como lo plantea Jaime Castro[iii] es el resultado de un proceso de consolidación y concentración en la capacidad de endeudamiento de la nación que se dio a finales del siglo XX y que contribuyo en la construcción del aparato estatal burocratizado que nos encontramos hoy en día.

Si partimos desde un punto de vista diferente y abordamos el problema en el cual se encuentra el estado Colombiano hoy en día, veremos que una de las principales causas que han contribuido de manera sistemática al casos administrativo que vivimos es justamente el tamaño de la maquinaria estatal y la ausencia de políticas efectivas que lleven medidas de carácter administrativo al sector público, lo que en otras palabras se traduce en la casi completa ausencia de gestión administrativa al interior de las entidades estatales, no es extraño entonces que si el núcleo del estado se encuentra con estos problemas, las entidades de orden territorial los tengan en una mayor proporción hecho entonces que se traduce en una disminución de la efectividad con la cual se gestionan los recursos públicos y por ende en una menor calidad de vida de los habitantes del territorio.

Ahora bien, si bien es cierto dentro de la constitución política se plantea el termino descentralización, cada uno de los gobiernos a partir del año 1991 ha tratado de matizarla de diferentes maneras pensando de manera equivocada que el aceptar de manera determinante la autonomía de las regiones implica de manera directa un fraccionamiento de la unidad estatal y una reducción en el poder presidencial; si bien es cierto podría presentarse este hecho en el mediano y largo plazo, también es cierto que contribuiría de manera efectiva en el logro de dos objetivos prerrequisitos para alcanzar una paz sustentable y una situación que estimule de manera efectiva el desarrollo de la nación; si partimos de una reorganización territorial del estado Colombiano orientada a mejorar la credibilidad de los poderes regionales, eventualmente como consecuencia tendremos reducciones significativas en fenómenos tales como improvisación, la incompetencia, malversación, los peculados y la corrupción, esto dado que se premiara la eficiencia administrativa y se habrán trazado las líneas bases que estimulen el desarrollo sostenido de las diferentes regiones que constituyen el territorio nacional este hecho concuerda con lo planteado por el Jaime Castro[iv] cuando hace referencia a la actual crisis política que viven muchos de los partidos que participan en la vida democrática de la nación.

Considerando los anteriores elementos, observemos de manera atenta la organización territorial y política del estado Colombiano, encontramos de primera mano que a nivel territorial se tienen 32 departamentos y 1123 municipios, los cuales se encargan de la gestión de los recursos que ellos mismos generen y de las trasferencias que realiza el estado central de manera directa o a través de regalías producto de la explotación de materias primas,  si tomamos en consideración el área geográfica del país podríamos suponer erróneamente que esta división territorial permite gestionar de manera eficiente los recursos, pero en su lugar es producto del marcado aire independentista de los políticos de turno quienes pretenden fortalecer sus posiciones de poder a nivel regional mediante la creación de cacicazgos que poco o nada favorecen a los habitantes de las mismas, este hecho lo podemos apreciar de manera notoria si observamos los departamentos de Risaralda, Quindío y Caldas, los cuales son producto de la desintegración del viejo Caldas y este a su vez es resultado de la separación que se dio del departamento de Antioquia, esto evidenciando que no fuese compatible encontrar un departamento con varias ciudades importantes en el mismo; nótese que de igual manera en la cual se fragmenta el territorio, también lo hacen los recursos destinados a inversión y se acrecientan los gastos administrativos, lo que se traduce tal y como se ha mencionado previamente en una disminución de la eficiencia en la gestión de los recursos administrados; este hecho también es fácilmente apreciable si observamos de manera detenida las entidades de carácter descentralizado, las cuales son un fortín burocrático que tiene el poder económico representado en la gestión de millonarios recursos destinados a la inversión social; si analizamos estos dos puntos encontramos una disonancia con los documentos elaborados por el DNP, el cual plantea como visión fundamental al 2019 la construcción de un estado eficiente que promueva no solo las garantías individuales sino las colectivas, basado en un modelo económico que sustente las condiciones de vida de los ciudadanos; si bien es cierto que se han venido reduciendo de manera “sostenida” las condiciones de pobreza extrema, también es cierto que se han venido degradando de manera significativa las condiciones necesarias para considerar un nivel de vida digno, este hecho se traduce eventualmente más en una autocomplacencia de los dirigentes del estado que en una real trasformación de la sociedad, pues si bien es cierto se ha profundizado en algunos aspecto la trasformación territorial que requiere el estado Colombiano, también es cierto que no se ha estructurado de manera objetiva un proyecto de identidad nacional y que este debe ir ligado a una reorganización de las entidades territoriales y descentralizadas, con el fin de trasformar el gigante burocrático en un estado moderno y eficiente que se comporte en torno a los más altos ideales administrativos de los modelos gerenciales del siglo XXI



[i] VIDALPERDOMO, JAIME, Derecho administrativo; 11ª edición, Editorial Temis S.A., Bogotá, D.C., 1997, págs.
29 último párrafo y 30 primer párrafo.
[ii] 65% del PIB está en seis regiones del país. Tomado desde http://www.portafolio.co/economia/65-del-pib-esta-seis-regiones-del-pais el 7 de Junio de 2013
[iii] JAIME, CASTRO, La cuestión territorial; Editorial Oveja Negra, 1ª edición, abril de 2002; Bogotá, D.C., pág.
33, párrafos 1º y 2º
[iv] CASTRO, JAIME, La cuestión territorial; Editorial Oveja Negra, 1ª edición, abril de 2002; Bogotá, D.C., págs.
14, 15 y 16.

martes, 11 de junio de 2013

Acaso, todo pasa por algún motivo?

Se nos ha venido convirtiendo en  tradición el hacer uso de cualquier elemento que tengamos a la mano para justificar el porque de nuestros actos, pero hacemos especial enfasis cuando las cosas no salen como deseamos, y entonces contraemos dos enferemdades de manera inmediata, "Excusitis" y "Culpitis" esto es, buscar no solo excusas sino culpables; la mas tradicional excusa y el principal culpable siempre termina siendo las Diosas del destino, aludiendo a que ya existe un plan escrito para cada uno de nosotros; no obstante omitimos el hecho que aceptar esta situación básicamente implica que nuestro poder de decisión sobre los actos de nuestro propio existir es nulo y que el libre albedrio es tan solo un eufemismo.
En nuestro afán de no tomar responsabilidad de nuestros actos y el miedo a asumir riesgos sobre aquello ue realmente creemos, nos deriva a pensar que los eventos que ocurren en nuestro existir son producto de las decisiones de alguien mas o peor aún, que suceden porque estaban escritas en un plan definido para nuestras existencias desde el momento de nuestra concepción,  mas yo os digo, los hechos ocurren simplemente como causa directa de una cadena coordinada de eventos que son resultado directo de nuestras propias decisiones, de nadie mas y quien diga lo contrario sencillamente es porque se ha dado cuenta que es mucho mas simple delegar sus procesos a alguien mas que asumirlos por si mismo, basta con ver cuantos millones de personas en el mundo convirtieron a Dios en su excusa perfecta para  no asumir riesgos, obviar responsabilidades, no tomar acciones directas sobre su vida y simplemente quedarse estancados en el mismo punto, lo mas curioso del caso es que son pocos quienes han entendido que el único plan que Dios o el Destino, tenían para nosotros es que nuestro deber principal parte de aceptar las consecuencias de nuestras decisiones conscientes y enfrentar los los riesgos que lleva nuestra propia existencia.

Yo también lo he hecho, yo también he tenido momentos de debilidad donde he querido flaquear en mi afán de luchar por aquello que quiero en mi vida, yo también he recurrido a la típica frase "Si Dios Quiere", "Todo pasa por algo", pero en el fondo no entendía que ese no es mas que un mecanismo de defensa para disuadirnos de alcanzar aquellos que deseamos, en lugar de continuar la lucha cambiando la estrategia para llegar a nuestro objetivo, el cual debería ser "dejar el mundo, entendiendose mundo como aquel conjunto de personas y espacios con los que compartimos a lo largo de nuestra existencia, como un lugar mucho mejor de lo que estaba"