miércoles, 7 de diciembre de 2011

Cultura

Al hablar de cultura, implícitamente se hace referencia al ser humano, esto claro esta debido a la misma definición que se da al término cultura , la cual hace énfasis especial al conjunto de elementos de conocimientos, creencias, artes, entre otros que se adquieren por el hecho de hacer parte de una sociedad, y aunque los animales organicen complejas sociedades, salvo que se dé un intercambio de elementos con ellos que dejen claros indicios de la existencia de estos elementos, no se podrá hablar del término cultura para ellas, siendo entonces reducido a la satisfacción de necesidades de carácter primitivo basado en procesos de aprendizaje aprendidos basado en la observación, en el instinto y en la genética.
En yuxtaposición a este punto de vista, podemos apreciar como aunque la cultura un gran componente basado en el aprendizaje y en la observación, involucra otros elementos de carácter simbólico, los cuales son utilizados por grupos de individuos para representar sentimientos, creencias y emitir juicios, esto se evidencia claramente en la definición presentada por la UNESCO, en la cual se define como la capacidad del hombre de reflexionar sobre su mismo, haciendo del ser humano un ente racional, critico y eticamente comprometido, capaz de realizar discernimientos en torno de valores y toma de opciones; no obstante el proceso de construcción de cultura se encuentra implicitamente ligado con la utilización de simbolos, que no necesariamente se encuentran ligados de una manera natural con aquello que representan.
La cultura entonces se establece como un mecanismo de control por medio del cual una sociedad establece y direcciona un conjunto de lineamientos que encapsulan el comportamiento humano dentro de una serie de patrones respecto a que se encuentra y que no aceptado y bien visto por los demas individuos, claro está que este hecho no se constituye en una camisa de fuerza que evite que se trasgreda la norma cultural, cosa muy frecuente en nuestro medio, donde trasgredir la norma se convirtio en una cultura propia, la cual avalamos de una manera tacita al no realizar una efectiva sanción a estos comportamientos; esto se evidencia en el caso Colombiano de una manera explicita con el incumplimiento de las regulaciones de transito.
El proceso de construcción de cultura, como bien mencione previamente, se encuentra relacionado a diferentes fenomenos sociales, dentro de los cuales cabe la observación (es frecuente ver como los niños aprenden de sus padres), la repetición (el tema de la cultura metro) y otras situaciones que de alguna manera motiven los cambios en el comportamiento del ser humano, por medio de la fijación de ciertos patrones entre un conjunto de individuos; este último hecho nos presenta de una forma clara, como la cultura se comparte y se sustenta en el tiempo gracias a los procesos que permiten la interacción entre individuos, con lo que se facilita que esta trascienda en el tiempo.

Enfocándonos en nuestra flor: un camino de superación personal

A veces sentimos que nuestras vidas son insignificantes en el gran esquema del universo, que somos solo una estrella más en un cielo lleno de ellas. Pero al igual que el Principito amaba su flor, debemos encontrar aquello que nos hace únicos y valiosos.

Es fácil perder la esperanza cuando nos enfrentamos a obstáculos y desafíos, y sentir que nuestras vidas no tienen sentido. Pero debemos recordar que incluso en la vastedad del universo, cada uno de nosotros tiene algo valioso que ofrecer.

Como el Principito, debemos encontrar algo que amar y cuidar con todo nuestro ser. Eso puede ser una pasión, una habilidad, una relación, una meta, cualquier cosa que nos haga sentir vivos y significativos.

Pero como la flor del Principito, nuestra pasión, habilidad o meta puede ser frágil y vulnerable. Podemos enfrentar críticas, fracasos, obstáculos y personas que tratan de quitarnos lo que amamos. Pero debemos recordar que incluso si la flor es comida por una oveja, aún podemos encontrar la fuerza para seguir adelante.

La vida no es fácil, pero si nos aferramos a aquello que amamos y perseveramos, podemos superar cualquier obstáculo y alcanzar nuestras metas. Al igual que el Principito, podemos encontrar la felicidad al mirar a las estrellas y recordar que, aunque somos pequeños en el gran esquema del universo, somos valiosos y tenemos un propósito.